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The Square, la farsa del arte
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Calificacion 6.6
Género:

Comedia/ Drama

País: Suecia
Duración: 142 min.
Año: 2017
Director: Ruben Östlund
Reparto:
Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Læssø, Marina Schiptjenko, Elijandro Edouard, Daniel Hallberg, Martin Sööder, Linda Anborg, Emelie Beckius, Peter Diaz, Sarah Giercksky, Jan Lindwall

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The Square, la farsa del arte

The Square
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Christian, mánager de un museo de arte contemporáneo, se encarga de una exhibición titulada “The Square” en la que hay una instalación que fomenta valores humanos y altruistas. Cuando contrata a una agencia de relaciones públicas para difundir el evento, la publicidad produce malestar en el público. The Square, la farsa del arte

Critica:

Christian (Bang) es un hombre divorciado, un correcto padre para sus dos hijas y además trabaja como el curador principal de un importante museo de arte moderno. Su vida es feliz, glamorosa y absolutamente barnizada de este “prestigioso aroma de elite cultural”.

En vísperas de la apertura de una nueva instalación llamada “The Square” en que se expresa el concepto de que The Square es un espacio donde “todos deben sentirse seguros y felices y confiar en las personas” Christian sufre el robo de su celular.

Aconsejado por un compañero de trabajo, deciden realizar una “acción de recuperación” aparentemente inocente. Pero como en todo, no hay acción sin reacción y la avalancha de aconteceres se desata, tenga o no que ver de forma inmediata con ese hecho, transformando la vida de Christian en una especie de realidad paralela fatal y donde la racionalización es un concepto más que abstracto y olvidado al diluirse con la realidad sin forma de nuestros días.

Ruben Östlund (“Fuerza Mayor”) lo hace de nuevo, el polémico director ahora seduce hasta las más altas esferas del intelecto y avasalla en Cannes llevándose la Palma de Oro y lo hace desnudando, en pocas palabras, la vacuidad de la modernidad liquida y cuestionando hasta la médula la cultura del arte moderno de una manera mordaz y absolutamente consciente.

The Square se mete de lleno en un tema plagado de exquisitez: “El arte”, y más aún, “el arte contemporáneo”, donde el bluff supera cualquier norma, regla, tendencia, movimiento o expectativa… y sin embargo Ruben Östlund lo hace de una manera magistral, simple, llano y sarcástico.

Si bien es cierto que el tema del acontecer del proceso artístico es una fuente inagotable (tal como el arte mismo) para hacer reflexiones sobre él, y que puede resultar fascinante ingresar a las diversas miradas sobre el tema, The Square, que nutre sus raíces temáticas en ese mundo, toma tal cantidad de perspectivas alternas sin dejar de mirar al centro del arte, que la hacen en sí un complejo y fascinante trabajo de creación artística (sí de ese mismo arte contemporáneo que con tanta hilaridad analiza) entonces, ante nuestros ojos el cazador se convierte aparentemente en presa, pero sale proyectado en tantas direcciones que en este acto va a aligerar un discurso que podría sonar hasta retorcido.

Una jolgoriosa calamidad sigue los pasos de Christian y los problemas llegan a parecer una comedia fatal. El que una persona del aseo barra sin querer algunas piedras de grava de una instalación puede ser un problema demencial de consecuencias internacionales.

Pero al mismo tiempo, la vida del mismo Christian va en acelere hacia múltiples colisiones, tiene problemas de alcoba, un niño lo acusa de haber acabado con la confianza que le tenían sus padres y una lujosa cena termina en un catastrófico performance que rompe todas las reglas… que no se compara a lo que va a suceder con la inusitada campaña de marketing que una agencia diseña para la instalación de The Square.

Ruben Östlund seduce porque usa todas las herramientas que encuentra en este mundo del arte para construir su obra, es vibrantemente actual vibra al ritmo de este momento de este mundo, coloca todos los elementos conociéndolos desde dentro usando tomas que hablan de los diversos ritmos visuales usando la estructura narrativa para jugar se esconde y sale a la luz para dar pinceladas de cinismo y luego se desvanece tensando la neurosis de la vida diaria, la absurda e incuestionada manera en la que las cosas hoy por hoy funcionan para este momento, para el hoy absoluto.

Dentro de la trama y los infinitos reflejos en este alocado y vaporoso ambiente del arte entre brincos, gruñidos, performances, millenials, redes sociales, recaudaciones de fondos, escándalos, multimillonarios patrones de museo que están más interesados en atacar las viandas que en enterarse de lo que están comiendo y mucho menos aún en entender el tema de la exposición, la aceptación y aplauso de “lo que sea” simplemente porque se está dando dentro de los muros del museo, aunque sea algo que ni el propio artista entienda. Niños stalkers, la crónica indiferencia ante el mundo o ante el otro por dejarse absorber por la realidad alterna del celular… cada latido es un compuesto de este mundo y en este concierto desconcertante, cada latido cuenta.

Paralelo a la figura de Christian tenemos a toda la fauna del mundo del arte el artista que vive como Hefner, prácticamente en pijama y bata, la periodista ambiciosa y fan de Christian: Anne (Elisabeth Moss ) con la que Christian sostiene una de las escenas más icónicas de toda la cinta.

Ahí los artilugios del lenguaje construyen un entramado conceptual que sería la mezcla entre un cuadro de Escher, el jardín de las delicias y la Escuela de Atenas para acabar explotando en un simple letrero de neón al fondo que dice “No tienes nada”.

Así de sutil y deliciosamente perverso puede ser el mundo de Östlund. Esta sorprendente situación va a ver su culminación en una pelea por… un condón y nuestro asombro va y viene sin disminuirse .

Claro que también tenemos la perturbadora presencia de Oleg (Terry Notary) en el culmen de tirarle a la cara a todos los posers en una cena de gala alguna que otra cosa y provocando que el “lado salvaje” invada hasta la médula aún a los más emperifollados asistentes. Y el juego sigue el espacio sigue reflejándose una y otra vez hasta el infinito formando simetrías por siempre.

Al final como bien dicen, nombre es destino y The Square es un espacio, contenido en un cuadrado luminiscente en una plaza que acaba volviéndose dentro de sí, se duplica en espejo y juega alborozada con ella misma, delira embrujada en su propia imagen, pero no todo lo que el espejo refleja está al frente… y atrás de él existe el mundo al revés.