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La luz entre los océanos
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Calificacion 6,2
Género:

Drama

País: USA
Duración: 130 min.
Año: 2016
Director: Derek Cianfrance
Reparto:
Michael Fassbender, Alicia Vikander, Rachel Weisz, Anthony Hayes, Caren Pistorius, Leon Ford, Benedict Hardie, Florence Clery
Latino Trailer

La luz entre los océanos

The Light Between Oceans

Australia, 1926. Un bote encalla en una isla remota y a su encuentro acuden el farero Tom Sherbourne y su joven esposa Isabel. En el interior del bote yacen un hombre muerto y un bebé que llora con desesperación. Tom e Isabel adoptan al niño y deciden criarlo sin informar a las autoridades. Todo se complica cuando descubren que la madre biológica del bebé está viva. La luz entre los océanos

Critica:

En tiempos donde ‘películas’ llenas explicaciones que menosprecian la inteligencia de su audiencia, en tiempos donde las explosiones porque sí son aplaudidas porque sí, y en tiempos donde capas con vida hacen explotar miles de carcajadas, no es de extrañar que una cinta con verdadera calidad cinematográfica quede en el olvido.

«The Light Between Oceans» está basada en la primera novela de la escritora australiana M.L. Stedman (2012), considerada un ‘best-seller’ internacional. Ahora, cabe preguntar, ¿existen aún ‘best-sellers’ de buena calidad? La autora demuestra que sí; y claramente esa pudo haber sido una de las razones de peso para que un director como Derek Cianfrance se haya hecho cargo de un proyecto pretencioso y tan complejo emocionalmente.

La historia se central en Tom Sherbourne, un ex ‘héroe’ de guerra que regresa a Australia, destruido y marcado por las tormentas de un pasado que quiere olvidar: abandono, maltrato y muerte. Ya en el pueblo de Point Partageuse consigue el único puesto existente como farero, en la isla de Janus Rock; un trabajo complejo, pero que lo entusiasma por su entorno y, especialmente, la tranquilidad que le otorgaría la soledad. Es ahí cuando conoce a Isabel, una muchacha mucho más joven que él: su inocencia y alegría -a pesar de las desgracias que también la atormentan- le devuelven en parte la vida.

Luego de unos meses de noviazgo a la distancia, ya casados, ambos se convierten en dos náufragos abandonados en tierras solitarias, no por las tormentas del mar, sino que por las del mundo. Ambos se aíslan de todo y todos, pues saben que ellos dos son suficiente para volver a tener esperanzas, para ser felices y para ser libres de construir todo lo que desean, sin los ojos curiosos de nadie.

El paso del tiempo hace que se vuelva una necesidad uno de los más grandes sueños de Isabel:

Isabel: Muy bien, entonces dime: ¿tú qué deseas?
Tom: Vivir. Creo que con eso me basta. -Inspiró hondo y luego se volvió hacia ella-. ¿Y tú?
Isabel: ¡Uy, yo deseo muchísimas cosas, todas a la vez! -exclamó-. (…) Quiero… no te rías: quiero un buen marido y una casa llena de niños. El estrépito de una bola de críquet rompiendo una ventana y olor a estofado en la cocina. Las niñas cantarán villancicos a coro y los niños jugarán a la pelota… No me imagino mi vida sin hijos.

Es aquí la película revela cuál es su verdadero sentido: ¿Cómo el amor puede soportar el dolor de los deseos no cumplidos? ¿Cómo Tom puede negar, luego, el único deseo que tiene Isabel? ¿Cómo una decisión que, en un inicio parece tan buena y sana, puede traer dolor a tantas personas? El debate moral que propone la película (y el libro) es realmente interesante, y en ambos está tan bien retratado que es imposible no sentir constantemente un nudo en el estómago.

La aparición de Lucy-Grace en las vidas de ambos se convierte en una especie de puente entre la isla y la realidad hacia muchos puntos. Por un lado, el poder completar todos los deseos que jamás pudieron cumplir. Por otro lado, el dolor y la incertidumbre de saber que se estaba cometiendo un delito; mezclado con los diversos debates morales que se hacen tanto los personajes como el espectador. Además, claro, de un cuestionamiento a la vida misma, y cómo esta muchas veces puede ser el personaje más cruel.

La dirección de Cianfrance, como siempre, consigue atrapar al espectador por medio de un relato fiel y crudo sobre cómo el destino, las -buenas o malas- decisiones y las -buenas o malas- intenciones, pueden llegar a afectar la vida y la muerte de alguien. Se crea un relato fiel, ágil y con una construcción tan perfecta que en sus más de dos horas de duración no hay minuto desperdiciado.

La fotografía y la banda sonora, por otro lado, convierten al océano como un ente fundamental para los protagonistas, siendo muchas veces la escenografía y la principal banda sonora. Esto consigue que la obra se convierta en un todo: personajes, escenografía, colores y frases unidas para ser una escena; no un montón de escenas que conformen a trompicones una especie de peliculoide mal hecho.

Las interpretaciones del lacrimógeno Michael Fassbender, la dolorosa Alicia Vikander y la tormentosa Rachel Weisz son escalofriantes y poderosas. Si bien, los tres serán rechazados por la temporada de premios, es destacable cómo entre los todos consiguen que: 1. El espectador no sepa qué postura apoyar. 2. En cada escena se conviertan en los protagonistas del drama relatado. 3. Que solo al final del relato notes la desesperación que has sentido en todo momento.

A diferencia de lo que he leído, creo que la película no fue hecha con la intensión de hacer llorar al espectador. Para nada. Los directores, al igual que actores, guionistas, escritores y espectadores (sí, espectadores), tienen un perfil. El perfil de Cianfrance es relatar historias de seres rotos que por medio del amor pueden o reconstruirse o derrumbarse por completo. Busca ahogar al espectador, romperlo, y jugar constantemente con sus emociones al mostrar personajes que mutan tal y como lo hacen los seres humanos: nadie es ciento por ciento bueno ni ciento por ciento malo; solo son personas que intentan vivir (o sobrevivir), a pesar del peso del pasado y la incertidumbre del futuro. Como la vida misma, ¿no? ¡Qué malvado de su parte hacernos llorar con la vida!

De esa manera, creo que se puede establecer a «The Light Between Oceans» como una continuación perfecta (y obvia) para el director estadounidense, luego de «Blue Valentine» y «The Place Beyond the Pines». Películas donde también se retrata el amor incondicional de padres por sus hijos (sean sanguíneos o no); y donde ni el dolor por el no-amor, ni la separación por la muerte o la vida, pueden detener ese amor tan natural, sano y doloroso.

Una película recomendable para todos aquellos que disfruten de la calma de personajes bellos y películas que no traten al espectador como un ser carente de inteligencia.

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